Mario Vargas Llosa revive la emisión de La Guerra de los Mundos de Orson Welles

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El Nóbel peruano relata la conmoción vivida en 1938 en EE.UU.

“Cada noche, en casa de Cuéllar, ponían Radio El Sol y escuchábamos, frenéticos, qué trompeta, hermano, qué ritmo, la audición de Pérez Prado”.
[Mario Vargas Llosa, “Los cachorros”]

Autor del blog/ David Alcácer
Imagen del post/ EBC Brasil, Blanc-pluvial

Profesionales de la radio española fueron convocados y convocadas por la Academia de las Artes y Ciencias Radiofónicas de España en 2008 para celebrar el septuagésimo aniversario de la emisión de la recreación radiofónica de La guerra de los Mundos de Orson Welles. Fue una de las acciones de apoyo a la (loable) iniciativa comandada por la citada institución en su empeño por convertir la jornada del treinta de octubre en el Día Mundial de la Radio (la propuesta fue presentada a la ONU). El presidente de la Academia por aquel entonces, Jorge Álvarez, comentaba como “la emisión de este programa en 1938 reveló, por primera vez, el gran poder de la radio, algo oculto hasta entonces“.

Me pregunto si Mario Vargas Llosa andaba en aquellos momentos por la península Ibérica y si tuvo la oportunidad de escuchar la emisión. No le hubiera sido sencillo, la señal fue distribuida por RNE pero sólo se pudo seguir por Internet y Radio 3, el resto de cadenas optó por otros contenidos y desterró su emisión a otras franjas.

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La Guerra de los Mundos / 30 oct 2008

Dos años después, en diciembre de 2010, el literato peruano publicó en diversos medios -su derecho de publicación a nivel mundial los tiene El País– un articulo titulado “Extraterrestres en California” dentro de su serie Piedra de Toque (que comenzó en los años setenta del siglo pasado).

En el citado texto, el Nobel de Literatura retrataba la zona noreste de Washington D.C., un “barrio de casitas destartaladas, edificios ruinosos, descampados y sórdidos callejones que (…) pero, ahora, experimenta un renacimiento pues se han mudado a vivir en ella parejas jóvenes, bohemios, artistas, estudiantes, y han surgido en sus calles clubes de jazz, bares, restaurantes, galerías y cafés donde encuentra refugio y querencia buen número de intelectuales, escritores, músicos y, en general, la colectividad que se interesa por la cultura“.

Y es en ese barrio donde Vargas Llosa sitúa su narración. Pero antes es de justicia recordar la experiencia radiofónica del escritor, que en la década de los cincuenta fue director del programa informativo El Panamericano y responsable de informativos de Radio Panamericana de Perú. También hizo televisión en su país natal, donde presentó La Torre de Babel (Panamericana TV) a principios de los ochenta. Vargas Llosa lo resume diciendo que “el periodismo ha sido un buen complemento de mi vocación literaria”.

El diario El Comercio ilustra esa etapa de su vida acudiendo a una de sus obras con tintes autobiográficos, La tía Julia y el escribidor, donde cuenta la experiencia en la emisora:

“Tenía un trabajo de título pomposo, sueldo modesto, apropiaciones ilícitas y horario elástico: director de Informaciones de Radio Panamericana. Consistía en recortar las noticias interesantes que aparecían en los diarios y maquillarlas un poco para que se leyeran en los boletines”.

No se puede decir que Vargas Llosa adorne su biografía precisamente. De vuelta a Estados Unidos y a los dosmiles, el peruano relata su particular acercamiento a La Guerra de los Mundos:

Pese a haber vivido varias temporadas en Washington D.C. sólo ahora he conocido este barrio gracias a la resurrección de un pequeño teatro, H Street Playhouse, rebautizado ahora Scena, que gozó de cierta celebridad cuando se fundó, a principios de los años cuarenta, por razones más sociales que artísticas, pues fue el primer teatro de la ciudad que, desafiando la segregación todavía reinante, permitió que los espectadores negros se mezclaran en sus butacas con los blancos. Agradezco a mi buena estrella que la curiosidad me trajera hasta este cálido recinto rectangular, de apenas un centenar de asientos, para ver un espectáculo inspirado en la célebre adaptación radial de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, hecha por Orson Welles y su compañía, el Mercury Theatre, en 1938, que, además de provocar escenas de pánico en todos los Estados Unidos, hizo famoso de la noche a la mañana al joven actor y director de 27 años hasta entonces sólo conocido por un puñado de aficionados a Shakespeare (había montado ya seis comedias y tragedias del Bardo).

“Señoras y señores. Interrumpimos nuestro programa de baile y música para transmitirles un boletín especial de la Intercontinental Radio News. A las 7:40 hora de Chicago, el profesor Farrell del Observatorio de Monte Jennings comunica varias explosiones de gas incandescente a intervalos regulares en el planeta Marte.
(…)
Volvemos nuevamente a oír la música de Ramón Raquello que ejecuta algunas piezas en el salón Meridian del Hotel Park Plaza de la ciudad de Nueva York”.

[Extracto del guión de la adaptación radiofónica de La Guerra de los Mundos]

El episodio se ha contado muchas veces pero vale la pena recordarlo. El 30 de octubre de 1938 la CBS Broadcasting Studio emitió en directo, desde Nueva York, un programa de una hora de duración que dejaría una huella indeleble en la historia de la radiodifusión por el efecto cataclísmico que tuvo en los 12 millones de oyentes que llegaron a escucharlo.

Al principio de la emisión, los radioescuchas eran menos de la décima parte, pero se fueron multiplicando a medida que las familias de todo el país iban siendo alertadas de que, según la CBS, los marcianos habían invadido los Estados Unidos y estaban devastando los pueblos y la campiña de New Jersey. Los teléfonos de las comisarías, de los bomberos, de los cuarteles y de las oficinas de gobierno se embotellaron con las decenas de miles de llamadas de gente aterrorizada que pedía instrucciones y garantías, verdaderas muchedumbres llegaron a evacuar sus casas y deambulaban por los parques, calles y caminos aturdidas y confusas. El pánico continuó muchas horas después de que, terminado el programa, la voz irónica de Orson Welles anunciara ante el micro: “Todo esto ha sido sólo un radioteatro“.

El programa de la función de Scena reproduce algunos de los dramáticos titulares de primera plana con que los diarios norteamericanos del día siguiente informaban sobre lo ocurrido. El de The New York Times proclama: “Radioescuchas en pánico toman como cierto un programa de guerra. Muchos abandonan sus casas por una invasión marciana” (consulta esa portada). Y el Daily News: “Una guerra radial siembra el terror en toda la nación“.

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War of the Worlds / CBS Radio / 30 oct 1938

[… o escúchalo dividido en cortes]

Diré rápidamente que no debió ser para menos. Si 72 años después, y sabiendo todo lo que sabemos al respecto, el centenar de espectadores que asistimos aquella noche a la reconstrucción del programa de Orson Welles y sus compañeros del Mercury Theatre sentimos que se nos ponían los pelos de punta y empezamos a ver a los sanguinarios marcianos invasores a nuestro alrededor, no me extraña nada que aquella velada de octubre de 1938 los granjeros de Wyoming, los mineros de West Virginia, los jubilados de Florida y los empleados de California se tomaran al pie de la letra los dramáticos sucesos que, según la radio, la invasión de extraterrestres provocaba en los alrededores de Trenton.

El espectáculo no parece lo que es sino una catástrofe genuina retransmitida por las ondas a medida que va siendo padecida por un pueblo incapaz de hacerle frente. La adaptación de la novela de H. G. Wells, trabajada por Howard Koch, llegó a las manos de Orson Welles y sus actores y técnicos sólo pocos días antes de la fecha señalada para la emisión. El ensayo general tuvo lugar la víspera. Allí, el genio de Welles estalló como un verdadero fuego de artificio: en unas diez horas de empeño frenético, el guión fue recortado, añadido, rehecho, manipulado y convertido en algo muy diferente del original.

Lo que era una novela se transformó en un programa informativo. La historia banal con que se iniciaba el radioteatro, se interrumpía de pronto para que un nervioso locutor comunicara a los oyentes los alarmantes y confusos rumores que llegaban a la estación procedentes de New Jersey sobre la aparición de un extraño objeto volador en la comarca, que, según algunos, estaría asolando su entorno.

A partir de allí, y durante 60 minutos, las informaciones se suceden añadiendo detalles, testimonios, cotejando diversas fuentes que corroboran o contradicen los hechos, en un crescendo de infarto que va trazando el mural de una sociedad en trance de ser diezmada, hasta la apoteosis final.

“¡Un momento, señoras y señores! Alguien ha entregado un mensaje al profesor Pierson. Mientras lo lee, permítanme recordarles que les hablo desde el Observatorio de Princeton, New Jersey, donde estoy entrevistando al Profesor Pierson de fama mundial… ¡un momento por favor! El profesor Pierson me ha entregado un mensaje que acaba de recibir… Profesor Pierson, ¿puedo leer el mensaje a nuestros oyentes?”

[Extracto del guión de la adaptación radiofónica de La Guerra de los Mundos]

La adaptación de la adaptación que ha hecho ahora Robert McNamara en Scena se las arregla para mostrar, gracias a unos 25 actores, algunos de los cuales encarnan varios papeles, no sólo el guión que interpretaron Welles y sus actores, sino, también, la pequeña cocina y las intimidades del estudio desde el que aquella emisión se radiaba, y la manera como todo el elenco colaboró en la producción de los efectos especiales, e iba comiendo, bebiendo y gastándose bromas cada vez que el director se descuidaba.

Pese a estos paréntesis realistas, la fantástica ficción impregna al espectador desde el primer momento y no le da respiro hasta el último instante. Al mismo tiempo que todo eso tiene lugar en el escenario, actores diseminados entre los espectadores van revelando los efectos que la fuerza persuasiva de aquellas informaciones producían en la sociedad estadounidense y los desórdenes y escándalos que el miedo a la invasión marciana iban desatando a lo largo y lo ancho del país.

Es notable cómo, no importa las limitaciones de espacio y de tiempo que enfrente, una obra de teatro bien concebida, montada y actuada puede proyectarse por encima de su circunstancia y llegar a representar un mundo, una época, un ambiente, con toda su complejidad y sutileza. Este es un entretenimiento, sin duda, que hace vivir a los espectadores, durante una hora, una aventura emocionante, y los mantiene en vilo, suspendidos a la absorbente trama. Pero es, también, otras cosas.


[Marta Etxebarría (Radio 3) y Ángeles Afuera (SER), reportera y locutora respectivamente en la recreación de 2008]

La percepción de una sociedad que, como dijo alguna vez Orson Welles comentando lo sucedido aquella noche del 30 de octubre de 1938, aún creía a ciegas todo lo que decían las radios y los periódicos y que descubría, de pronto, gracias a La guerra de los mundos, que a veces las informaciones del periodismo falseaban la realidad, hacían pasar gato por liebre y que, en ciertas circunstancias, las ficciones causaban grandes trastornos en la vida de las gentes.

Cuando, terminado el espectáculo, uno sale a desafiar el despiadado frío de Washington D.C., tiene claro que aquellos marcianos nunca desembarcaron en New Jersey. Pero ¿por qué, entonces, esa incómoda sensación de que, aunque los extraterrestres no existan, el peligro que representaban está siempre allí, a nuestras espaldas, y que, si escudriñáramos un poco la oscuridad, no nos resultaría imposible percibir las escurridizas siluetas de otros invasores, no menos dañinos e inclasificables que los inventados por H. G. Wells y Orson Welles?

© Mario Vargas Llosa, 2010
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2010

En cuanto a adaptaciones en castellano, dos quedan recogidas en este post, la ya citada de la Academia de la Radio de 2008 y la de Si Amanece nos Vamos, que va más allá de la pura recreación. Así lo rememora Pacman en su blog RadioChips:

“En julio de 1995, el equipo recientemente ondarizado del Si amanece, nos vamos, que conduce Roberto Sánchez, hizo algo mucho más original… Emitió -previo aviso, por supuesto- una emisión realmente especial. Lo de que vienen los extraterrestres ya no cuela… pero que se parasen todos los trenes de España cuela mucho más.
(…)
Cuando celebraban el Ondas, Roberto comentó la existencia de esta histórica hora de radio nocturna… No sólo habló sobre que la gente se llegó a creer esto de los trenes, además llegó a comentar que incluso en el boletín de la COPE de la siguiente hora la parada total de los trenes en España fue la gran noticia. Y eso que a mitad del programa Roberto recuerda que es todo teatro. Y que se nota que es un guión“.

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Si Amanece nos Vamos / SER / 30 oct 1988

[Escena a partir del minuto tres]

Autor del blog/ David Alcácer

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