Los tres pecados capitales (al menos) de los Premios Ondas y los Micrófonos de Oro

Premios-Ondas_y_Micrófonos

Perversiones: Juez y parte, ampliación de categorías y afán por contentar

Autor/ David Alcácer – Imagen/ eBierzo, Premios Ondas, Clker

Este año se entregaron los primeros premios concedidos por la Academia de las Artes y Ciencias de la Radio. Puede parecer sorprendente en un país (o país de países, si se prefiere) con una tradición radiofónica tan rica como España. No tanto si se tiene en cuenta que, desde hace años (décadas en algunos casos), existen otros premios con prestigio y pedigrí destinados a reconocer la labor en el medio radio.

Una de las posibles razones para la puesta en marcha de los galardones de la Academia es que esos otros premios se estén alejando de su espíritu original y sufriendo delirios de grandeza. Tanto los Micrófonos de Oro como los Ondas (a cuya imagen y semejanza nacieron) sufren de una triple perversión que hace mella en su credibilidad y coherencia:

  • Por un lado, congénita. Pues, aunque los jurados que elijan a las y los profesionales galardonados están compuestos por personas de prestigio e independientes, es un hecho que los premios están vinculados a grupos de comunicación (en el caso de los Ondas a Radio Barcelona, es decir, Cadena SER>Unión Radio>Grupo PRISA) o a una figura señera del sector (Del Olmo en el caso de los Micrófonos). Es decir, son juez y parte por lo que es inevitable no ver intención donde puede que sólo haya justo reconocimiento. Ya se sabe, hay que ser honrado y parecerlo.

    En el caso de los Micrófonos, la definición oficial dicta que son concedidos bajo el paraguas de “la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión (ATR), cuyo Presidente de Honor es Luis del Olmo” (“su alma” según Federico J. Losantos). Pero no siempre todo está atado y bien atado, precisamente el otorgado por el jurado al comunicador turolense en 2007 contó con la oposición frontal de Del Olmo. Lo que nunca falta es, como mínimo, un premio a “su” Punto Radio (lo mismo se podría decir de la relación Ondas-SER).

    El veterano locutor leonés también apadrina los Premios Protagonistas, que se entregan desde 1997 pero cuyas categorías, incluida la de radio, entran y salen del palmarés a capricho. Ah, y no olvidemos las Antenas… también de Oro, faltaría más.

  • Como consecuencia de la anterior, es decir, para contrarrestar la impresión de corporativismo y ganar en legitimidad de cara al gremio y la opinión pública, se reparten cuidadosamente los premios, intentando contentar a todos los grupos de comunicación y corrientes de opinión. Bueno, a casi todos en el caso de los Ondas, que (legítimamente) parece que nunca premiará a sus némesis, los grupos Intereconomía y Libertad Digital.

    Ejemplo al canto: Un Ondas en 2009 para la COPE, pero no para ningún componente del triunvirato J. Losantos-Vidal-L. Schlichting sino al programa matinal de los fines de semana. Y, atención, de Al sur de la semana se desatacó su “estilo amable e informativo”, virtudes que son carencias en el trío antes citado (al menos para sus detractores). Es decir, una caricia que es bofetada en cara ajena y todo ello en las vísperas de la emancipación de Vidal y Losantos.

  • El tercer pecado original es la extensión de los premios a otras categorías en una búsqueda de eco, notoriedad y presencia en los medios pero sepultando el espíritu original en un intento injustificado por abarcar. Cuando digo presencia en los medios me refiero en los ajenos al grupo de comunicación que reparte los premios, en los de éste la cobertura está más que asegurada. Cierto que el número de celebridades que acude a la gala de turno es mayor y, por tanto, el de flashes disparados y potenciales patrocinadores (como la entrega de un insulso premio bautizado por una marca de whisky durante los últimos Ondas). Pero el aumento de la notoriedad no conlleva el del peso específico de los galardones: Unos premios tienen influencia y prestigio si son capaces de mantenerse en el tiempo, de ser coherentes, oportunos y valientes pero, sobre todo, de dar forma a una personalidad propia.

    Otro ejemplo al canto pero ajeno a la radio: Los Óscars de Hollywood son imbatibles como referencia para los amantes del cine de los grandes estudios ¿Cómo hacerse visible ante tal competencia? Lo dicho, con una personalidad propia, distintiva y mantenida en el tiempo. Los Razzies premian a las peores películas y actuaciones, los Spirit Awards se centran en el cine independiente y de bajo presupuesto, los MTV Movie Awards apuestan por la votación popular y las categorías insólitas (mejor beso cinematográfico, escena de acción o villano),…

  • Los Premios Ondas nacieron en la década de los cincuenta como premios exclusivamente radiofónicos. Se forjaron un prestigio como tales añadiendo nuevas categorías (radio local, latinoamericana, internacional) e incluyendo a un medio primo-hermano como es la televisión. Todo ello se puso en peligro en la década de los noventa con lo que, a priori, puede parecer un impulso: Incluir categorías dedicadas al cine y la música. Y, sin embargo, hasta hace pocos años no se comenzó a premiar la mejor publicidad radiofónica.

    Actualmente los premios del caballo alado son un cajón de sastre donde la radio es un apartado más a pesar de que son los primeros galardones que se entregan en la gala anual en un gesto que puede ser interpretado como una maniobra para realzarlos o lo contrario: La liturgia tradicional de estos actos dicta que los galardones más importantes y esperados son los que cierran la velada y los primeros, un trámite.

    Post acerca del palmarés de los Micrófono de Oro 2010

    micrófono_de_oro_2010

    Si, en el caso de los Ondas, abarcar diferentes campos ha supuesto alejarse del espíritu que los vio nacer (puede que en una maniobra calculada e intencionada), los Micrófonos de Oro nacieron ya bajo esa concepción difusa fiel al Quiero y no puedo. Cada epígrafe de los Micrófonos premia a un número variable de profesionales y no existe una categoría específica que premie a programas extranjeros. Sí que hay categorías relacionadas con los medios de comunicación (radio, televisión, prensa), otras con el mundo del espectáculo, premios tan rancios y repugnantes como Toros (tradúzcase por Tortura de Toros hasta su muerte convertida en tétrica fiesta) todo ello rematado por un surtido variado que dispara en todas direcciones: Deporte, ciencia, gastronomía,… Una mezcla bienintencionada pero que supone un campo abonado para las suspicacias (como el Micrófono de Oro a la empresa o empresario del año o a las o los políticos).

    Otras dos voces de peso ponen en solfa, en este caso, a los Ondas pese a que sus declaraciones distan veinte años. Por un lado el José María García, que rememora uno de sus enfrentamientos con Fontán durante su etapa en la Cadena SER:

    “Dije a Eugenio Fontán que no era de recibo que los Premios Ondas se repartiesen entre las cadenas… y a mí me dieron uno por El Partido de la Jornada; No lo acepté aunque luego lo recogí pot respeto a los compañeros”.

    Si García hizo su confesión en los noventa a Lorenzo Díaz, Francino accedió a tratar el tema hace pocas fechas entevistado por Virginia Drake:

    “La casa sabe mi opinión sobre lo que eran y lo que son los premios Ondas y me la respeta. Hay cosas en las que no me gusta participar porque no comulgo con ellas, y ya está”.

    Autor/ David Alcácer

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    Una respuesta to “Los tres pecados capitales (al menos) de los Premios Ondas y los Micrófonos de Oro”

    1. mery Says:

      eres un atorante perro de mierda

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